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NOCHE SERENA
FRAY LUIS DE LEON

FRAY LUIS DE LEON

(1533 – 1594)

NOCHE SERENA

   Cuando contemplo el cielo

de innumerables luces adornado,

y miro hacia el suelo

de noche rodeado,

en sueño y en olvido sepultado,

   el amor y la pena

despiertan en mi pecho una ansia ardiente:

despiden larga vena

los ojos hechos fuente;

la lengua dice al fin con voz doliente:

Morada de grandeza,

templo de claridad y fermosura,

mi alma, que a tu alteza

nació, ¿qué desventura

la tiene en esta cárcel, baxa, escura?

¿Qué mortal desatino

de la verdad aleja así el sentido,

que de tu bien divino

olvidado, perdido

sigue la vana sombra, el bien fingido?

   El hombre está entregado

al sueño, de su parte no cuidando,

y con paso callado

el cielo vueltas dando

las horas del vivir le va hurtando.

¡Ah! Despertad, mortales;

mirad con atención en vuestro daño;

¿las almas inmortales

hechas a bien tamaño,

podrán vivir de sombra y sólo engaño?

¡Ah! Levantad los ojos

a aquesta celestial eterna esfera,

burlaréis los antojos

de aquesta lisonjera

vida, con cuanto teme y cuanto espera.

¿Es más que un breve punto

el baxo y torpe suelo, comprado

a aqueste gran trasunpto,

do vive mejorado

lo que es, lo que será, lo que ha pasado?

Quien mira el gran concierto

de aquestos resplandores eternales,

su movimiento cierto,

sus pasos desiguales,

y en proporción concorde tan iguales;

   la luna cómo mueve

la plateada rueda, y va en pos de ella

la luz do el saber llueve,

y la graciosa estrella

de Amor la sigue reluciente y bella;

   y cómo otro camino

prosigue el sanguinoso Marte airado,

y el Júpiter benino

de bienes mil cercado

serena el cielo con su rayo amado;

   rodéase en la cumbre

Saturno, padre de los siglos de oro;

tras él la muchedumbre

del reluciente coro

su luz va repartiendo y su tesoro.

¿Quién es el que esto mira,

y precia la baxeza de la tierra,

y no gime y suspira

por romper lo que encierra

el alma, y de estos bienes la destierra?

   Aquí vive el contento,

aquí reina la paz; aquí asentado

en rico y alto asiento

está el amor sagrado

de glorias y deleites rodeado.

   Inmensa fermosura

aquí se muestra toda; y resplandece

clarísima luz pura,

que jamás anochece;

eterna primavera aquí florece.

   ¡Oh campos verdaderos!

¡Oh prados con verdad frescos y amenos!

¡Riquísimos mineros!

¡Oh deleitosos senos!

¡Repuestos valles de mil bienes llenos!




 

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