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SURSUM CORDA
FRAY LUIS DE LEON

 


RENE F.A. SULLY-PRUDHOMME

 

(1839 – 1907)

 

  SURSUM CORDA

 

 

 

                Si los astros radiantes de los cielos,

que tu prodigio son, Naturaleza,

escapando a la mano que los guía,

en espantoso choque sucumbieran;

 

                Si como buques naúfragos, que abisma

en las lóbregas olas la tormenta,

todos esos celestes luminares

se hundiesen poco a poco en las tinieblas,

 

                Repoblar tu podrías el espacio

con luces más brillantes y más bellas,

dando fuego a sus fúlgidas antorchas

                                en nuestra pobre tierra.

 

                Podrías devolver al firmamento

                                su claridad espléndida,

sacudiendo en el fondo de las tumbas

las humanas cenizas que hay en ellas;

 

                Cenizas de infinitos corazones

que si están sepultadas, no están muertas;

y aún en la fosa, de su amor eterno

                                no apagaron la hoguera.

 

                ¡Qué tesoro de llamas no extinguidas,

de chispas que en la sombra aún centellan,

acumularon bajo el duro suelo

seis mil años de exequias!

 

                ¡Cuántos rayos de luz, ahora invisibles,

duermen en las negruras de la huesa!

En el polvo inmortal de las pasiones,

¡qué semilla de soles y de estrellas!

 

                Apáguese en la bóveda infinita

el sol deslumbrador que en ella reina;

y tú con los relámpagos del genio,

nuevo sol nos darás, que al otro venza.

 

                Para formar constelaciones de astros

que cual limpios diamantes resplandezcan,

agruparás en áureas nebulosas

cuanto felices los amantes sueñan.

 

                Los luceros que brillan solitarios

en el sombrío azul con luz intensa,

los harás con aquellos corazones

que fuego más intenso reconcentran.

 

 

                Y la pálida vía de los cielos

que a un arroyo de leche se asemeja,

con la luz de las almas candorosas

apagada en su hermosa primavera.

 

                Si a la estrella hermosísima de Venus

volver quieres su luz, para encenderla

busca el fiel corazón en que la diosa

avivó llamaradas más violentas.

 

                Y los nobles espíritus que nunca

en ardua lid acobardados cejan,

en el Zodíaco los pondrás, en donde

encadenados los Titanes fueran.

 

                Yo mismo en la infinita muchedumbre

de los que ya no son, grano de arena,

si ha de brillar en el futuro cielo

lo que haya en mí de inextinguible esencia,

 

                Haz surgir de mis pálidas cenizas

astro radiante, que rival no tenga.

El fuego de mis años juveniles

a un sol que luzca sobre todos, presta.

 

                Y si has de dar sus rojos resplandores

a Sirio, vencedor de las tinieblas,

toma en mi corazón la sangre toda

para que más su púrpura se encienda.




 

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