|
JUAN
EUGENIO HARTZEMBUCH
(1806-1880)
LA PRUDENCIA HUMANA
Cayó
en la red del pescador artero
un
barbo jovencito.
¡Allí
fue trabajar el prisionero
para
romper el cáñamo maldito!
Chupa,
muerde, batalla,
deshilacha
el torzal, quiebra una malla,
y
al fin se libra del peligro fiero.
-¡Caramba!,
prorrumpió, ¡de buena escapo!
Viviré
en adelante sobre aviso.
Quien
me pesque otra vez, ya ha de ser guapo,
Mas
una cosa de comer diviso,
que
a merced de las olas sobrenada,
por
un hilo sutil a un palo atada.
Es,
si no me equivoco,
pan,
y buena ración; pues me la emboco.
Tírase
al cebo el pez sin más recelo,
y
al salir de la red, tragó el anzuelo.
Así,
con sus propósitos ufana,
se
arroja en pos del apetito loco
de
yerro en yerro la prudencia humana.
|